miércoles, 16 de octubre de 2013

Amenaza

Hace unos días trataba de escribir en la barra de un bar. Intentaba que el desorden con el que cargo cuando no sé bien qué decir fuese imperceptible para el resto de clientes hasta que un viejo bajó de su taburete y se me acercó. Mi primera intención, claro, fue la de ignorarle, pero se detuvo a mi espalda en un ridículo silencio que su costosa respiración malograba. Tras unos segundos de incertidumbre, mis ojos fueron en su búsqueda estirando de mi cabeza y de mi tronco en su dirección hasta mirarnos fijamente a menos de un bolígrafo de distancia. Y esperé. Porque, si bien no habíamos pactado nada con antelación, el próximo movimiento le correspondía a él y yo no pensaba alterar el extraño orden que las cosas se encaprichan en tener. Así que esperé. Cuando consideró que ya me había permitido lo suficiente observar desde muy cerca el cansancio en su iris me pidió permiso para hacer algo en una de las hojas que cubrían la zona de la barra que tenía colonizada. Le ofrecí mi bolígrafo y le indiqué un hueco en el que podía escribir o dibujar lo que quisiese. Se apoyó en la barra de tal forma que me impedía ver lo que hacía con mis papeles. Unos segundos después, antes de incorporarse, dio la vuelta a la hoja, me miró, me devolvió el bolígrafo, me aseguró que cada día piensa en lo que me ha escrito y se despidió.
Lo que dejó escrito es lo de menos, quizás, pero, con muy mala caligrafía, fue esto:
"¿Dónde mueren los sueños? En un lugar llamado MIEDO."

Ah, sí, también dejó pagado mi café.
Nighthawks, Edward Hopper

lunes, 23 de septiembre de 2013

Sed

Katerina Bodrunova
Me gustaba de ella su nobleza. Una nobleza terca, pétrea, indestructible. Me seducía su entusiasmo para con los asuntos más triviales, una pasión casi contagiosa y siempre cautivadora. Sin embargo, sólo el tiempo me ha hecho ser consciente de algo mucho más poderoso aún: su ingenuidad, a la que blindé sin saberlo. Porque el tiempo me ha demostrado que la de ingenuidad es la sed que peor tolero. No una ingenuidad femenina vista por un hombre, no, en absoluto, sino una de verdad, cierta. Una necesaria, animal. Y así la convertí en la fuente a la que recurría con frecuencia, agazapado, silencioso entre mis sombras, para procurarme un respiro. Necesitaba de esa ingenuidad y hubiese bebido de ella, más aún, me hubiese extinguido en ella, de haber tenido la certeza absoluta de que no la echaría a perder.

domingo, 28 de julio de 2013

Biografía

Hoy hay un crío que está aprendiendo que jugar se escribe con cinco letras, igual que joder, pero eso ya lo sabrá, y que aún se ayuda de la otra mano para estirar tres en lugar de cuatro años y es perseguido por un pato de habitación en habitación mientras responde cuánto se ha divertido hoy en clase y un rato después le pregunta a su madre si el abuelo estará bien allá dondequiera que haya ido mientras lo dibuja y le pinta los pelos de un canoso azul.

A ese mismo crío hoy le gustaría saber si Lucía se pone tan nerviosa como él cuando están juntos porque no la ve mirándolo de reojo tras cada tontería acumulando el rojo en las mejillas y mientras repasa los ejercicios de mañana piensa que nunca se reiría de su hermano pequeño como hace con Jordi su hermano mayor.

Un crío que ni sabe cuántas respuestas diferentes ha dibujado en el aire ante la misma pregunta de siempre sobre la forma de ganarse o perderse la vida cuando sea aún más mayor y está convencido de que puede mirar ya con la gravedad de un hombre gracias a Isabel y que acabará estudiando para ser más indispensable que útil.

Y ese crío pierde hoy el trabajo de mierda para el que llegó a estudiar durante veinte años pero no la hipoteca entre la que un día pretendió vivir con Sandra y una niña a la que ve menos de lo que querría y odia a un hogar que nadie compra ni por menos de nada sirviendo poco más que para acumular las reclamaciones que el buzón vomita con una prestación que no evitará el desahucio.

Para ese crío el ahora es ya sólo un traje curtido con su propia piel que constriñe cada paso, es una inspiración convertida en un soplo cada vez más débil y cada vez más último, una maraña de tropiezos, es un sol que no irradia más que sombras con las que no se distingue un horizonte en el que respirar. Para ese crío el ahora sólo pasa por una puta ventana del sexto piso.

lunes, 29 de abril de 2013

Huellas


He ido aprendiéndolo, pero me lo he guardado tan adentro como me ha sido posible. No tenía ganas de romper nada más. He preferido esperar, escudriñar cosas en las que no había reparado hasta justo después de enterarme, sin saber cuando fue.


Ha cambiado todo desde entonces en mí. Ahora sé, como nunca antes supe, que las cosas son finitas. Puedo asegurar que ha cambiado el valor que de ellas tengo. Mis recuerdos ahora son imprecisos, pero casi puedo tocarlos, saborearlos. Prefiero callar. Recuerdo huellas. Hendiduras inesperadas, que son las únicas que pueden quedar. Nada las deja teniéndolo como objetivo, ni en mí habrían quedado si hubiese perseguido tal propósito. Ahora las respiro y me alegro de tener marcas de verdad que llevarme de todo. No hay propósito del que dependa su profundidad, tan sólo presencia, haberlas vivido sin atropellos, con la sinceridad que debieron merecer para haberse ganado el estar hoy conmigo.
Muchas noches quise que empezara la mejor y peor de mis marcas. Hoy, si me esfuerzo mucho, no recuerdo más que un puñado de ratos agradables de tanto como lo deseaba, pero justo tras el objetivo de la entrega se deslizaba lo que sí hubiese perdurado. Así me he cansado de perseguir, de ver mi piel sin las máculas que me he ganado, de heridas que son más palabras que nada convertidas en curiosidades para otros, o, peor incluso, en hazañas. Ya no. Así, ya no.


martes, 23 de abril de 2013

Gestos bajo la ceniza

Aquí me tienes,
trocado en aquel pájaro kafkiano
absorto en la insaciable búsqueda de ti,
mi jaula.

Voy a rondarte
como carroñero que soy;
tan pronto sombra de tus pensamientos
como lo soy también de tus caderas;
y es que así nos resarcimos:
tú cumpliendo mi anhelo de guiarme,
una a una, sin excepción, por la totalidad de las trampas con las que has accedido a sembrar el extrarradio replegado tras el que torpemente te salvaguardas,
y yo sometiéndome soberbio y sumiso, sin rehuir nunca, a todos y cada uno de los cebos que me incitas a morder;
y recorro el filo de tus gestos,
por más que se redoblen,
me retuerzan
o te relaman,
ignorando el manto de cenizas
con las que mi estela nos pueda cubrir,
porque bajo él se cierra un mundo comprensible sólo para el loco que recorre su ciudad.


sábado, 2 de marzo de 2013

Hay ciudad

Hay una ciudad que ya no lo es. Una ciudad de noches. Una ciudad erigida en el hueco de un corazón al que suplanta con callejas de piedra que se muerden necesitadas. En sus esquinas ha grabado las leyes una ciudad intolerante ante un cruce sin vencidos, ante dos calles sin una humillada y derrotada. Es así que esta ciudad mide su salud en emboscadas. Añora algo parecido al día esta ciudad nocturna, por ello elige el relevo entre noches para hacer el recuento de las luces que se funden en el suelo exudadas por su piedra inhabitable. Una ciudad que no se reconoce, no se encuentra y tampoco se sabe. Una ciudad que se crece en sí misma por dentro mintiéndose sobre lo que le gustaría llegar a ser.



Imagen de Nadia Maria

martes, 19 de febrero de 2013

Fragmentos y uno.

"Tengo una gran habilidad para perder. Podría decirse de mí, si no se hace ya, que soy un gran perdedor. El gran perdedor. He perdido mujeres en mi propia casa, incluso en mi propia cama, compartiendo sábanas nuevas. He perdido trabajos antes y después de necesitar un dinero que también he perdido. Me he llegado a perder de tantas formas que he perdido la cuenta. He perdido fuerzas hasta para buscar. Ya no lo hago, ya no busco. Y me siento más fuerte que nunca."

Fragmentos.

miércoles, 3 de octubre de 2012

A despropósito de las palabras

Full Fathom Five, 1947. Jackson Pollock


Tú me preguntas y yo te respondo.

A lo que en realidad y decididamente aspiro es a desconocerte por siempre. No como a esas palabras que se acaban vaciando o de nada se llenan, paladeadas una primera vez rebosantes de sentido, rendidas a un sabor que las enarbola con opulencia... y se pierden.

Me vuelves a preguntar y te respondo que ojalá no te conozca nunca y sigas así, encarnada en todo, encarnada en nada, sin convertirte en un corsé que anudar y desanudar y anudar de nuevo según el viento sople hasta hacerlo sobrevivir a un cuerpo significado al que oprimir.

Pero insistes y yo te explico que quisiera desconocerte por siempre, sin presunciones que en pelotón se ciernan sobre mis ojos mientras yo, cegado, las escupo por mi acomodada boca, apoltronado en mi viejo y suntuoso sillón, condenándolo todo a quebrarse de puro ridículo.

Y me preguntas de nuevo y yo te digo que ojalá no te conozca y nunca reverberes como democracia en una garganta, ni te conformes con que te escriba en perfecta caligrafía como cuando se dicta pueblo sobre un papel para que otro, un cualquiera, mismamente incluso yo, pase página como si tal cosa.

Y te digo además que quiero desconocerte y me he prohibido completarte como si sólo fueses una más de esas grandilocuentes palabras sin nada. Anhelo saber sólo que la forma se esconde tras el nombre y que el nombre no es más que una botella sedienta bebiendo de boca en boca.

Ojalá no te conozca nunca.
Ojalá pudiese desconocerte por siempre.

Y ya no me preguntas nada.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Cortesanas de la noche.

Sois flechas sin su astil y sin sus plumas. Sois, de la flecha, solo su punta. Punta de dedal. Sois cortesanas de la noche envueltas en hábitos de metal oxidado. Reinas y gallardas a oscuras os sorprendéis unas pocas tras el clic del interruptor mientras otras decenas desaparecéis, en una desbandada de relámpagos, y expectantes y gallinas dais la espalda al crec de vuestras rezagadas.

jueves, 15 de marzo de 2012

Mariposa

Pocas cosas tan pretenciosas como que su aleteo inútil pueda provocar un tsunami al otro lado del mundo pueden ser desmentidas con tanta facilidad; basta, simplemente, con posar la vista sobre una mariposa para buscar un sólo instante durante el que ésta es capaz de olvidar sus vivos colores.

     Un aleteo inútil, estéril ante la más ridícula de las briznas de aire, además de ser capaz de convertir en un esperpento la hazaña de un gusano venido a más, obliga a que descartemos capacidad alguna a unas erráticas láminas pigmentadas más allá que la de embelesarnos un mísero instante.

     Capaz de lucir cuando se posa, vistosa, elegante incluso cuando viola con su larga lengua a las flores en busca de su néctar; torpe y desmañada llamando la atención en el que, puede ser, el único día en que su presunción va a brillar bajo la luz del sol.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Más y más.



No sabía muy bien lo que hacía
cuando decidió sellar el mundo,
quedarse dentro y contemplar como
los pedazos de cielo
se precipitaban al fin sobre todas las cosas.

(No pienses, sé fuerte)


Lanzado por quién sabe qué expectativas,
cuando apenas si sabía andar,
jamás supo permitirse el parar,
y descubrir cualquier otro destino
que la necesidad de huir a una postal.

(Esfuérzate, complace)


Ha recorrido uno por uno cada vagón,
y al llegar al último, en verdad el primero,
se da cuenta de que la ruta,
de retos, exigencias y mandatos,
no trae consigo compañeros de viaje.

(Date prisa, no existas)


Su fiel cama, arcón de frío ego,
se hizo añicos también,
y, con ella, su colección de pieles:
ese mismo primer polvo,
echado tantas y tantas veces.

Heart vs Brain
(No sientas, no te acerques)


Teniendo todo cuanto se impuso,
ahora tiemblan las patas de su vida,
no encuentra un solo recuerdo
capaz de hacerlo parar:
todos, todos, todos, son de cristal.

(Sé perfecto)


El corazón que con más fuerza late
carece de aurículas y ventrículos.
Ignorándolo, te viste del revés.
El corazón que nunca se oye
está en un laberinto de masa gris.


miércoles, 7 de diciembre de 2011

Dormido en sueños


Sabía muy bien lo que hacía al sellar el mundo, quedarse dentro y contemplar cómo los pedazos de cielo se precipitaban al fin sobre todas las cosas. Decidió hacerse daño recordando, con una profusión de detalles que hasta ese momento se tenía prohibida, los días que las palabras de ella habían iluminado dando forma de presente a las imágenes más imposibles. Tocó su risa apoyado en sus manos y perdido entre sus dedos. Evocó también cuando eran capaces de contener el aire con el firme propósito de no romper puente alguno a un descanso más profundo, aun con la absoluta certeza de que ningún sueño sería capaz de superar a la mejor de las fantasías.

Desearon usurparle a la vida el pedazo suficiente de tierra firme sobre el que el sueño más grato pudiera reposar para no desprenderse jamás del tacto de cada poro, reconocidos, uno a uno, bajo todos los fuegos; de la música de cada jadeo, dictado imposible de enjaular en el interior de un pentagrama; del impacto de cada latido, y las nuevas esquirlas, hundiéndose en ellos a cada golpe, inyectando más deseo; de los sabores densos, y las notas de olor, de sus cuerpos.

Dejar a la memoria hacer su trabajo trae consigo el riesgo de vivir, todo lo que quede de vida, el mismo momento. Ahora no necesita más que una maleta para los cuatro trastos que creen que va a necesitar y que ya le han ayudado preparar. Va a dejar atrás cosas de las que nunca había pensado desprenderse. Observa como lo hacen convencidos de que es lo único necesario para él. Es indiferente al interior de la maleta. Satisfecho de no haber olvidado, de llevar lo importante tan adentro como desea, porque eso ya no depende de nadie más que de él. Así que se deja llevar.

Entra en el coche sin atender a la casa, no ha cerrado él su puerta, no necesita despedirse de ella y no echa la vista atrás cuando el coche emprende su marcha. Aceleran y recorren las calles del que había sido su barrio, mira a los hijos de algunos vecinos de los que tampoco pudo despedirse. Recorren una ciudad de la que apenas le importa acordarse, unas avenidas transformadas, incapaces de guardar recuerdo alguno, que ya no son por aquellas por las que paseó de joven. Quizá, si le consultaran, aceptaría pasar por el lugar en el que se crió; no obstante, es mejor así, no podría distinguir a uno de sus hermanos en algún rincón conocido que aún existiese.

La ciudad va quedando atrás y el coche se adentra en unas débiles montañas que pronto dejan espacio a un valle, en el centro del cual se distinguen dos enormes cajas de hormigón. Será allí donde aguardará despierto, donde desplegará sus recuerdos como único e indispensable equipaje, donde recordará sus formas, por entonces, y para siempre, tan suaves y perfectas como su adiós. Dormida junto a él.


viernes, 16 de septiembre de 2011

Nos



Siento que me debo una vida 
de admiración transversal, 
de fuerza compartida, 
de candidez expelida, 
de mirada animal. 

Sé que me debo una vida 
de reencuentros a oscuras, 
de ilusiones futuras, 
de enfados muy hondos, 
de comprensión sin fondo. 

Me debo una vida 
de necesitarnos, 
de vivirnos y mostrarnos 
y sin reparos arrastrarnos.


(Desclasificada y perdida desde el 09/01/2010)

martes, 9 de agosto de 2011

Asalto

Devorar, asaltar y romper
calles, plazas y esquinas
mientras mi mente yace
en su laberinto sin salida.

Presa, no del ingenuo reloj
ni del tiempo que le empuja,
sino de la razón
y del sendero que dibuja.

Alma de ti embriagada
breve, somera, lejana,
que surcas frívola
los antojos de la envidia.

Ante mí grácil, sutil
y perniciosamente varada;
huye, vuela, vete
asesina de mi calma!


(Enero 2010)


Vampir, Edvard Munch

martes, 2 de agosto de 2011

Extraño

El aullido de una sirena. Tic tac. Dos jóvenes ardiendo por vez primera. Tic tac. Un motorista embestido por su final. Tic tac. Un juez anega un camino. Tic tac. Dos firmas juntas para dos vidas nuevas. Tic tac. Una caja de cedro naufraga entre lágrimas. Tic tac. Primeras sumas de un niño entre nubes de lápiz. Tic tac. Una ruleta, que gira y juega y gira y roba. Tic tac. Papel moneda entre los dientes para vestirse de nuevo. Tic tac. Un autobús se demora. Tic tac. Una cornisa, un salto, un vuelo. Tic tac.

Tic tac. Ni ciclo, ni camino. Fogonazos superpuestos, descompasados, ajenos los unos a los otros en sublime comunión. Tic tac.

Tic tac. Capote y sol y capote. Tic...

martes, 19 de julio de 2011

Erick, final del camino

Explicarle este final a Ellen, precisamente hoy. Pero debo darle la carta que ha dejado. Debería intentar brindarle aliento, ofrecerle una explicación a la que aferrarse para no perderla, de algún modo, también a ella. Pero ni siquiera soy capaz de encontrar razones para mí, para no sucumbir yo. Somos humanos y, como tales, podemos ser insensibles rocas capaces de hundirse irremisiblemente en la primera ciénaga del camino en lugar de bordearla. Siempre había admirado de Erick esa granítica expresión de control. Quizá hacía mucho que se había borrado de su cara y no me había dado cuenta.

Jamás tuve la impresión de que debía preocuparme por Erick. Supongo que les tenía demasiado respeto a él y a su hermetismo. Era Erick, joder. La insensible roca Erick. El autosuficiente Erick. Erick y sus ilusiones. Erick, el que me animaba a buscar allí donde nunca me atrevía, a no conformarme sólo con lo que veía. Qué paradoja. Qué mal me enseñaste a hacerlo, Erick. Mi amigo y su segura imagen rotos para siempre, de pronto, sin haberme dado cuenta de nada. Ahora queda lacerarme hasta entender que, cuanto en él veía, no era sino lo que yo necesitaba que él representara para mí.

Para él todo era relativo, poco espacio dejaba para las cosas blancas o negras, y los hechos volvían a darle la razón incluso ahora que la había perdido del todo. La mayoría necesitamos organizar todo aquello que encontramos a nuestro paso, bien sean hechos, acciones o ilusiones, bien sean propios o ajenos. Queremos que las cosas sean blancas o negras, buenas o malas, amadas u odiadas y, de esta forma, poder ir apartando a uno u otro arcén cuanto encontremos. Hemos de transformar nuestro grácil caminar en una carrera lineal, sin obstáculos, limpia, que nos permita recorrer la recta de tribuna con un gesto de absurda suficiencia. Erick no era tan simplista, en su camino también había trastos apartados a uno u otro lado del camino, pero eran los menos. Él avanzaba armonioso por una vía que resultaría impracticable para los demás. Así como yo aparto a un lado a quien se equivoca y me provoca un perjuicio, también va al arcén opuesto aquel que me brindó un día su apoyo o a quien creo que merece mi estima. Y allí se quedan. El resultado, según Erick, en cualquiera de los casos, no era otro que el del olvido, impedirme dar con la realidad relativa –como tanto le gustaba decir– y que, por haber clasificado, odiaría para siempre sin recordar porqué o amaría por simple costumbre. Hoy, tras años pensando que entendía sus palabras, éstas me resuenan como nunca y no puedo evitar el darle la razón. Ahora, parado en el arcén, antes de encontrarme con Ellen, intento dar con la forma de explicarle esto, que le etiquetamos y nos olvidamos de él, que lo clasificamos, metimos a Erick en una urna con su correspondiente placa y nos olvidamos de andar junto a él. No supimos ver las energías que se estaba dejando, tampoco recordamos lo que suponía esto para él. Todo estaba bien ordenado en su correspondiente vitrina, con su placa y su leyenda.

Erick no gritó pidiendo auxilio. Estoy seguro de que se limitó a mascullar algo parecido a un quejido. De todas formas, si se hubiera dejado la voz insinuando que necesitaba ayuda, la vitrina en la que estaba metido nos habría impedido oír que no era tan fuerte como pensábamos, así como ver que las rocas, por muy duras que parezcan, se hunden. Como le ha pasado a Erick. Mi inconformista amigo con alma de emprendedor. O eso creo.

Relato publicado en BCNmes Nº2, Arroz Negro.

jueves, 19 de mayo de 2011

A esto me niego.

El inconveniente es que nos hemos prohibido lanzar ideas y propuestas durante mucho tiempo. Los partidos han ido adoquinando un discurso ramplón y vacío, sin alcance de ningún tipo.

Hemos visto como cualquier propuesta que denunciara o pusiera en tela de juicio el stablishment actual o el camino al que nos dirigíamos era tildada de radical o, simplemente, ignorada.

No quiero conformarme con mover la silla de nadie, quiero que hayan cambios de verdad, trascendentes. Quiero sentir que mi vida, la de mis hijos y vecinos, aunque estos vivan a 30 000km de mí, no la manejan a 50 000km en un despacho cinco manos que sólo calculan beneficios.

Mañana, queramos o no, salga el sol o llueva, respiraremos, trabajaremos, nos formaremos, reiremos con nuestros amigos, tendremos descendencia, amaremos, nos dolerá la vida o no; pero eso no lo deben de decidir en un despacho.

Es a eso a lo que me niego.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Brotes verdes. Democracia real.

Veo con escepticismo estas protestas que están llevando a la calle a decenas de miles de personas por algo tan justo como necesario. Lo veo así porque el sistema es férreo, está blindado con la doble capa de políticos y banqueros, pero también de multinacionales, de monopolios y de habernos convencido de que la democracia era esta especie de engendro en que los tres poderes del estado están fusionados hasta la repulsión. En que la administración se hace cómplice de oprimir a sus votantes de un modo tal que Kafka se bloquearía si tratara de describirlo.

Veo con escepticismo estas protestas porque los medios no se atreven a darles crédito, estos sí que han de calcular lo que significaría hacerse eco de algo que acabara quedando en agua de borrajas porque, en este caso, no como en otros, se quedarían sin repesca con fondos públicos por parte del Gobierno de turno. Sin embargo, omitiendo información, están incumpliendo el deber que tienen para con nosotros.

Veo con escepticismo estas protestas porque nos han inoculado, en base a una educación metódica y sin espíritu crítico, que tenemos que acatar el ser tan solo los engranajes necesarios para que la única maquinaria social posible funcione, pudiendo ser partícipes de ella o quedarnos fuera. El problema estriba en que hemos delegado todo, y más, en una clase política que se ha dedicado a limitar nuestra capacidad para elegir el rumbo que queremos tomar y en qué medio queremos recorrer el camino. Carecen de discurso y de soluciones que ofrecer; tampoco tienen, ni quieren encontrar, alternativas a un sistema que languidece; y, menos aún, cuentan con los arrestos necesarios para romper unas alocuciones metódicas y vacuas con las que vanagloriarse ante sus palmeros.

Pero estas protestas demuestran que hay brotes verdes. Sí, al fin se ven aquellos famosos brotes verdes. Aunque haya sido el hartazgo, la injusticia, el paro, el sufrimiento y el desencanto, la insolencia y el despotismo del actual sistema el abono para ello, hay brotes verdes.

Es posible que el sistema sea tan férreo como parece y sólo el tiempo dirá si estos brotes verdes, encarnados en manifestantes, finalmente lograrán concedernos una tribuna a los ciudadanos para que podamos opinar sobre cual es el proyecto que queremos. No renunciamos a ser engranajes, pero debemos decidir en qué maquinaria participar. Por mi parte, quiero dejar claro que estos políticos, banqueros y lobbys no merecen seguir jugando con la vida de nadie más.

Las manos de la protesta, Oswaldo Guayasamín.

miércoles, 13 de abril de 2011

Albada

Va obrir la porta de casa, va passar al menjador, va retirar els mobles de la paret, tot sol, venia pensant-s'ho des de feia molta estona, ho tenia decidit. Va agafar les pintures de l'estudi, tot accelerat va començar a preparar diferents colors en gots, diferents textures, anava provant i provant. Dues tonalitats de grisos diferents, tres de vermell, dues de taronja, tres blaus foscos però molt ben diferenciats; també havia agafat dos pinzells i una brotxa. Va mirar-s'ho tot per comprovar que no li faltava res, ho va repassar quatre vegades, va inspirar amb força un parell de cops, i va començar una batalla sense treva amb la, fins aquell moment, impol·luta paret blanca.

La seva dona, que l'havia vist entrar, observava des de la distància aquella escena. El va observar mentre movia els mobles deixant la virginal paret a la vista, mentre corria de l'estudi al menjador, mentre preparava les pintures i, ara, mentre lidiava brotxa i pinzells en mà, com s'hi allunyava i s'hi apropava al seu enemic com si d'un boxejador s'hi tractés. Suava, s'emprenyava, remugava sense miraments.... Unes hores després, amb la dona ja dormint, s'hi va allunyar, es va asseure i va mirar durant una llarga i silenciosa estona l'albada que sempre havia somiat observar.


Aquesta entrada fa més d'un any que va ser desada (31-01-10). Dins de l'arxiu cridava i no deixava reposar a la resta de lletres.

miércoles, 5 de enero de 2011

Concurso audaces

A continuación publico la entrada con la que he participado en el Concurso RdL – Audaces 2011. 113 participantes, de los que han sido seleccionados como ganadores 3 grandes textos. Mi enhorabuena a los premiados.

Precisaba de una prueba. Constatar que el sopor podía escamparse. Imposible dar con la anestésica dosis de mimetismo, o de olvido, que hiciese llevadero cada día. Hasta el último. Y salté. Entre la niebla. Al vacío. Y, con cada pirueta, una respuesta. Tras cada cabriola, una pérdida.
Ahora, ya en el suelo, me pregunto si fue valentía o locura. Sencillo. Sólo búsqueda. Sentido. La nueva carga, y lo mucho que quedó en el salto, es menos pesada que el vacío de las preguntas sin respuesta. O vivir sin saberlo. Y el coste, pese a todo, ridículo. Perfeccionaré mi próximo salto.
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