viernes, 12 de noviembre de 2010

Apetito

Mi amado Frank.

Hace mucho tiempo que me obligué a que nada supieses de mí. Te privé de aquello que, por tus palabras y muestras no dejaba de comprobar, estabas queriendo hasta límites que nunca antes habías imaginado. Ninguna culpa tienes si esos sentimientos ya no encuentran cobijo en ti pero has de saber que no consigo discernir qué me produciría más dolor: si el que hoy mantuvieses el mismo apetito por mí, con lo que ello estaría significando para tu alma; o que hubieses dejado de hacerlo, con lo que significaría para la mía.

Ahora, encontrándose mi vida en el límite de su resistencia, siento que no debo esperar más para explicarte el motivo de mi ausencia. Si no lo hago ya, creo que la razón se pudrirá conmigo en la eternidad.

Estoy segura, vida mía, que habrás recorrido tenebrosos caminos impelido por la necesidad de saber, de conocer, de agarrarte a alguna palabra o gesto con el que salvarte de la caída al abismo ante el que posiblemente te dejé; pero me jugaría la poca vida que ya me queda sin riesgo alguno, mi alma, a que has huido de las respuestas que mejor habrían satisfecho ese anhelado fin con tal de evitar tu más severa condena hacia mí y a todo lo que por ti siento y he hecho.

Quiero que sepas, tesoro mío, que mi alma yace en ese abismo no por estas palabras, que al fin puedo brindarte, sino desde aquella despiadada mañana en la que me arranqué de ti. Has de saber también que la oscuridad  aquí es impenetrable, que tu recuerdo, lejos de iluminar, abrasa, y de mí queda poco más que ceniza.

Contigo, porque me devolviste a la vida, porque me encendiste, y espero que hoy lo comprendas al leer estas letras, marchándome, con esta distancia que me impuse obligada, quise saldar mi deuda.

Necesitaba tanto que fueses mío, que fueses yo, ser tú, que sudar como un único cuerpo dejó de servirme. Necesitaba más. Cada arrebato te necesitaba más en mí. Ya no quedaban sabores que saciasen mi hambre de ti. Era tan salvaje mi deseo que devorar tu alma se acabó convirtiendo en un simple aperitivo. Cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo te deseaba más, me apetecías más, peligrabas más...

Lo siento como nunca, hambrienta hasta un fin que ya puedo saborear.

4 comentarios:

Akaki dijo...

vaya, que despedida, me gusta...

un saludo

Almorro dijo...

Me gusta pensar que lo has entendido.

Salut!

Akaki dijo...

desde el 12 de Noviembre sin escribir? ey que pasa aquí!jeje,

Almorro dijo...

Y mira que tengo cosas entre manos, pero no consigo rematarlas como me gustaría. A ver si tras las fiestas, y una vez que pasen los peligrosos Reyes, me centro.

Saludos Akaki, y Bon Any tingui vostè.

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